Bitácora de una auditoría: once defectos en nuestro propio sistema
Once defectos que encontramos auditando nuestro propio sistema de automatizaciones, entre el 9 y el 12 de agosto de 2026. Con la causa de cada uno y la regla que salió de ahí. Lo publicamos porque es exactamente lo que le pedimos a cualquier proveedor que nos quiera vender algo.
Los tres que dolieron
1 · Ninguna automatización había enviado un correo. Nunca.
La clave interna de cada secuencia llevaba dos puntos, punto y arroba. El proveedor de correo solo acepta letras, números y guiones en las etiquetas y rechazaba el envío. Ese rechazo volvía convertido en un error genérico y el navegador se lo tragaba sin mostrar nada.
Regla: un panel verde no prueba nada. Lo prueba una fila «entregado» en el registro de envíos.
2 · Un dominio nuevo tapó al verificado.
Al dar de alta un segundo dominio de envío, el sistema tomaba siempre el más reciente en lugar del verificado y activo. Durante dos días ninguna automatización pudo enviar, y el módulo entero mostraba el mensaje de «configura tu dominio» como si fuera el primer día.
Regla: cuando hay varios candidatos, elige por estado, no por fecha.
3 · Trece de diecisiete disparadores no existían.
En el editor se podían elegir diecisiete formas de arrancar una automatización. Solo cuatro estaban construidas. Las otras trece dejaban la automatización muda, sin ningún aviso.
Regla: lo que no está construido no se enseña. Se marca «Próximamente» y no se puede seleccionar.
Los ocho restantes
4 · Activar no validaba nada. Se podía poner en marcha una secuencia con correos sin asunto. Se atascaban en silencio para siempre. Ahora hay una comprobación al activar que abre el paso que falta.
5 · Los correos salían sin enlace de baja ni dirección postal. Y el pie de las campañas llevaba un marcador de posición literal: el enlace de baja de todas las campañas estaba roto. Corregido con enlace firmado por destinatario y cabeceras de baja con un clic.
6 · Activar disparaba el histórico. Encender una secuencia de bienvenida con cincuenta ventas antiguas mandaba cincuenta correos de golpe. Ahora, al activar, el sistema fotografía lo que ya cumplía la condición y solo actúa sobre lo que pase después.
7 · Los campos personalizados nunca se sustituían. El nombre del destinatario llegaba literalmente como {{nombre}}.
8 · Nada corría con la aplicación cerrada. El motor vivía en el navegador. Si nadie tenía la pestaña abierta, no pasaba nada. Ahora corre en el servidor cada diez minutos.
9 · La condición «¿abrió el correo?» no se evaluaba nunca. Todo caía a la rama «no» al instante, rompiendo el ritmo de la secuencia.
10 · La biblioteca de plantillas tenía marca de otro cliente. Visible y enviable desde cuentas reales.
11 · La interfaz prometía cosas que no hacía. Ventanas horarias que no se respetaban, límites de frecuencia que no se aplicaban, un campo llamado «preheader» que en realidad era el cuerpo del correo. Todo renombrado o construido.
Las cuatro reglas que quedaron
- Un panel verde no prueba nada. Solo lo prueba el registro de entrega.
- Pídele el motivo al servidor antes de suponer. Teníamos tres hipótesis razonables sobre el fallo número uno. Ninguna era. El motivo exacto ya estaba en la respuesta del servidor; solo había que mirarlo.
- Ningún error en silencio. Un fallo que nadie ve es un fallo que dura meses.
- Se prueba en producción. Con un envío real, a un buzón real, y se mira que llegue.
Qué pasó después
Tres días de trabajo, once defectos cerrados y veintidós envíos verificados de punta a punta: alta, enrolamiento, ramas de sí y no, límite de frecuencia, baja funcionando y el motor corriendo solo cada diez minutos con la aplicación cerrada.
Si estás evaluando a alguien para que opere tus procesos, pídele esto mismo. No la demo.
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