Los lunes se van en las mismas ocho tareas de siempre.
Actualizar estados, revisar vencimientos, preparar listas, avisar a quien corresponda. Cada una cuesta poco y todas juntas cuestan la mañana. Se convierten en tareas programadas que corren sin que nadie las lance y avisan solo cuando algo requiere una decisión. El lunes vuelve a ser un día de trabajo.


