Doscientos correos ordenados por hora es una lista, no una prioridad.
La bandeja se ordena por lo que vale para el negocio: clientes, leads, proveedores y facturas, ruido. El contador tampoco dice «no leídos»: dice cuántos te quedan por decidir, que es la única cifra que cambia tu mañana. El resto ya lo despachó el agente.



